viernes, 5 de marzo de 2010

Marcial Maciel ¡santo súbito!


1 comentario:

toño dijo...

Ese efecto de la luz en la vela, un toque muy sencillo pero ¡de lujo!; aparte el señalamiento indispensable de las taras eclesiales que no han cesado ni cesarán jamás en una institución que nació viciada desde la desaparición de Jesús de este planeta, gracias a unos apóstoles lerdos y ambiciosos.